La Antonia y las Coccinellidae.-
La Antonia conoce muchas palabras. No está muy segura del momento en que las usa, o si su significado es el correcto, pero sin lugar a dudas, conoce muchas palabras. Todos los días nos deleita con sus frases a medio elaborar, como "venaquí" (Ven aquí) o el ya conocido "Has vito gato?" (Has visto al gato?). Pero lo mejor, es cuando la Antonia no sabe pronunciar una palabra.
Con todo esto del mundial, el color rojo se ha apoderado de... de todo, en verdad. El tema es que, en su -espero -infinita inocencia, la antonia descubrió un animalito que le llamó particularmente la atención.
Yo caminaba por la cocina... en esos paseos en los que llegas, abres el refrigerador, y luego no recuerdas para qué hiciste eso si no tenías hambre, cuando mi hija, con esa boquita linda (y machucada por su última salida sin paracaídas) exclama, aferrada a mi pierna:
- Maraquita!.
- PERDÓN?
- Maraquita, mamá! -Ok, esto ya se estaba saliendo de control. No era precisamente de la boca de ella que iba a escuchar esa palabra.
- Antonia, eso no se dice.
- Maraquita, maraquita, maraquita, maraquitaaaaaaaaaaa.... -y comenzó a hacer... eso que siempre hace, de tirarse al suelo y hacerse bolita, en señal de un próximo berrinche.
- N...no, Antonia, no, sea lo que sea que quieres... -y aquí es donde una se hace la tonta -aquí no está. -ven lo que les digo?
- Maraquitaaaa ahí, ahí!!! -y entonces lo entendí. Brillante y obesa, Observándome desde la puerta del refrigerador. La puse entre mis manos y pensé en lo mucho que aprenden los niños con la televisión. Me sentí estúpida. Y estuvo bien.
- Toma, hija -dije, sonriendo -Aquí está.... cómo se dice?
- Gazias, mamá. -dijo con esa sonrisa entre lágrimas, que demuestra una pequeña victoria personal.
- Pero de ahora en adelante... por favor, diles CHINITAS, no MARIQUITAS.
Con todo esto del mundial, el color rojo se ha apoderado de... de todo, en verdad. El tema es que, en su -espero -infinita inocencia, la antonia descubrió un animalito que le llamó particularmente la atención.
Yo caminaba por la cocina... en esos paseos en los que llegas, abres el refrigerador, y luego no recuerdas para qué hiciste eso si no tenías hambre, cuando mi hija, con esa boquita linda (y machucada por su última salida sin paracaídas) exclama, aferrada a mi pierna:
- Maraquita!.
- PERDÓN?
- Maraquita, mamá! -Ok, esto ya se estaba saliendo de control. No era precisamente de la boca de ella que iba a escuchar esa palabra.
- Antonia, eso no se dice.
- Maraquita, maraquita, maraquita, maraquitaaaaaaaaaaa.... -y comenzó a hacer... eso que siempre hace, de tirarse al suelo y hacerse bolita, en señal de un próximo berrinche.
- N...no, Antonia, no, sea lo que sea que quieres... -y aquí es donde una se hace la tonta -aquí no está. -ven lo que les digo?
- Maraquitaaaa ahí, ahí!!! -y entonces lo entendí. Brillante y obesa, Observándome desde la puerta del refrigerador. La puse entre mis manos y pensé en lo mucho que aprenden los niños con la televisión. Me sentí estúpida. Y estuvo bien.
- Toma, hija -dije, sonriendo -Aquí está.... cómo se dice?
- Gazias, mamá. -dijo con esa sonrisa entre lágrimas, que demuestra una pequeña victoria personal.
- Pero de ahora en adelante... por favor, diles CHINITAS, no MARIQUITAS.

