miércoles, 22 de abril de 2009

Otoño. (Mom's head II).

Otoño, otoño, dónde estás??? qué pasó con el frío caluroso del otoño? qué pasó con los maravillosos abrigos y vestidos de lana? Qué pasó con las botas?

Sigo sosteniendo la teoría de que vives en un universo paralelo, porque no puedo creer que no te importe que aún siga haciendo calor.
Yo te miro, de hecho siento que cada vez me queda menos tiempo para hacerlo. Te miro ser y desarrollarte. Te miro chapotear en la tina y tratar de tomar el agua con una mano (también te miro cuando te vas para adelante a tratar de agarrar el tapón). Te miro cuando descubres cosas nuevas o te ríes con las visitas. Sabes? hace más o menos dos días descubriste tu sombra. Yo no me había dado cuenta en verdad, porque sólo estaba pendiente de llegar a la cocina. Pero tú estabas muerta de risa con las manitos estiradas hacia la pared, tratando de tomar la mancha negra que se movía igual que tú (y de echártela a la boca posteriormente).
Sabes? creo que nunca terminaré de sorprenderme de lo mucho que te llaman la atención las cosas más sencillas, más obvias... pero qué digo! para tí son todas novedades!!

Y yo? yo sigo aquí, junto a tí, cada vez más quieta en mis tribulaciones. Los problemas comienzan a hacerse tolerables y cuando les quitas el glaceado emocional te das cuenta de que son meras estupideces (y de que, por ende, la gente es idiota). Cuando me abrazas me siento como si fuera otra persona, cuando gruñes para jugar conmigo, cuando QUIERES estar conmigo, en desmedro de todos los demás (quienes sean), me hacen pensar en nuestra complicidad única y maravillosa, en ese vínculo que únicamente se fortalece.
Hace unos días (no muchos ni demasiado pocos... los suficientes como para macerarlos y contártelos) me descubrí a mí misma en medio del inacabable universo de los rumores (los malintencionados, no los "que linda te ves!"). Y quedé sorprendida por muchas muchas cosas (y extrañamente motivada).
La gracia de los rumores es que te pintan como un animal mitológico de extraordinarias características, capaz de las mayores atrocidades. Lo sabrás a su debido tiempo, tal vez hasta de mi propia boca. Al principio me llené de rabia y también de asombro, luego quise tenerlos a todos delante de mí y aclarar uno a uno los puntos de los que se me acusaba, pero luego pensé en el tenor y la calidad de las acusaciones, porque me sentí también muy sola y desilucionada (cuando dices "si piensas eso de mí es que realmente eres idiota"). Y me dí cuenta de que todas y cada una de esas historias eran un escape para la incompetencia de quien las emite. De repente y había olvidado lo fácil que es ser blanco de comentarios y lo poco fiables que son las personas (ya sea para bien o para mal, no olvides nunca que un buen gesto puede dejar la misma cagada que un plan largamente tramado). Y decidí que estaba bien. Decidí que todo eso sea cierto. Por primera vez en mucho tiempo (o tal vez en toda mi vida), decidí que no me importa. Recordé las palabras de la Marcela y me hice el propósito de entender, junté las piezas y ahí estaba: radiante esa sensación de miseria culposa, la frase repetida una y otra vez que, de ser cierta, no necesitaría ser sacada de la boca. Y vi lo estúpido que era todo eso. Y lo necesario que es a la vez.

Luego, dándole una vuelta un poco más entruncada, decidí que yo también estaba viendo las cosas de la manera que me acomodara más (o sea, dejándolos a todos semidesnudos de escudos y con esa naturaleza mongoloide totalmente expuesta), así que por eso, si alguien no asumía alguna cosa, por muy falsa que fuera, los niños seguirían siendo niños, las frases de autoconvencimiento seguirían embriagando la moral maltratada y la falta total de lealtad (digo, la que está despojada de un beneficio, por muy tonto que sea). Y apareció todo tan claro que hasta creo que me asusté.

Y prendí la tele.

martes, 14 de abril de 2009

Chocolate.

Sí, chocolate. Barras de chocolate, huevos de chocolate, conejos de chocolate (que luego serán viejos pascueros y antes que eso serán fantasmas de chocolate), zahanorias de chocolate y... pollitos de mazapán.
Muchos muchos muchos dulces y tú sólo con probadas pequeñas de todos ellos. De verdad estaban locos si creían que no te pasaría un poquito de chocolate por los labios para que entendieras a qué me refiero con "mm.... chocolate..." y lo captaste de lo más bien.
A los 6 meses aún no sales del mundo de los monosílabos, pero lejos de molestar, parece un reto a direccionar esos monosílabos (que los "ña" sean "ma" y que a los "ga" les siga un "bo"), sin embargo tus curiosas incursiones en la fonética parecen paleadas por algo un poco más singular: las cosas. De repente te diste cuenta de que todo en este mundo puede ser tocado y degustado (incluyendo la pantalla de mi notebook), aparecieron los sonidos, los objetos, las palmoteadas a la ensalada de tomate y, cómo no, la televisión. Ese monstruo de 42 pulgadas y "pocoyo" a las 7 de la mañana. Me burlaré de tí como nunca, recordándote que Pocoyó es un mono vestido de azul al que todo le sale mal. Un fondo blanco, 3D y una secuencia ridícula de situaciones idiotas. Pero te encanta, te juro que te encanta. A Pocoyó nada le sale, anda de ahí para acá, enojado todo el tiempo (igual que tú, igual que yo). Y después? plaza sésamo (esos clásicos que nunca mueren) y cinco desquiciados saltando y gritando al centro de lo que parece una marejada de niños, repitiendo las mismas cosas y con el mismo tono de idiota que los doblajes les permiten tener (el mundo los conoce como.... hi5).
Ah, sí! Ahora tomas leche, pero no tanto de mí como antes. Pensé que esta separación me daría pena y miedo, pero la verdad es que ni lo he notado. Claro, echo de menos tus ojitos gigantes mientras te daba leche, pero ahora puedo tenerlos de todas maneras sólo que con una mamadera.
Creo que fuera de todo eso, nada más ha pasado. Y los días pasan, las semanas y los meses... el mes que viene tendré las pruebas solemnes... y tengo esa sensación de que por fin el tiempo comienza a pasar más rápido!

lunes, 6 de abril de 2009

6 meses...

6 meses ya? y todo parece haber cambiado tanto! darse vuelta volver a ponerse en su lugar y seguir la misma línea bifurcada siendo algo totalmente distinto.
No había escrito antes, porque tenía mucho que contar pero no sabía cómo hacerlo. Ahora tampoco lo sé, pero la diferencia es que tengo un forzado tiempo para escribirlo. (eso de llegar al panel y ver el adorable cartel de "usted tiene clases ahora? pues ya no :O!").
Creces y creces como si fueras un cocodrilo y a tu lado trato de crecer yo también. De verdad, he aprendido muchas cosas sobre mí a través de tí. He aprendido lo frágil que puede ser la vida en relación a algunas cosas, lo frágiles de las relaciones que se postulan como duraderas y sobretodo del poder de las palabras.
Anoche me detuve a pensar en tí y en mí, y a pensar en todo lo que había hecho desde que llegaste a mi mundo. Dicen que el fin justifica los medios... pero y si la justificación del fin no es del todo sustentable? He cometido tantos errores conmigo como aciertos contigo y por eso pensé que estaba bien.
No, no es tiempo de hacer un mea culpa ahora, porque dentro de todo no siento culpa alguna. Yo me moví por todas las emociones nuevas que no conocía y en eso no hay ninguna culpa salvo la de no intentarlo. El error? El error estuvo en sobreestimar. Estuvo en creer en una equivalencia que sólo me servía para autoconvencerme. Una equivalencia que no existía, que sólo servía para justificar una mala decisión.
Mañana ya será un año. Y a través de mí han pasado siglos. Aún me queda mucho más por aprender, aún me queda mucho más por soportar y ser soportada. Aún me queda ser temida y odiada, pero por eso jamás traicionada. Ser querida, amada y respetada por el curso que decidí tomar: por querer seguir una vía justa en su más extrema crueldad.
No me arrepiento, porque no hay nada de qué arrepentirse. Reconozco, porque hay mucho qué reconocer. Reconozco aciertos y desaciertos. Reconozco victorias y derrotas. Reconozco penas y alegrías. Y te reconozco a tí, como el motor de todos mis cambios, de que toda mi vida gire en torno a conseguir lo mejor para tí, aún si con eso termino sacrificando hasta mi credibilidad. Reconozco lealtad y deslealtad. Reconozco traición, infamia y maquiavelismo. Reconozco lo mejor y lo más malo, lo más inimaginable es tan cierto en mí como lo más comprensible. Porque la gente no es buena ni mala, al final... sólo se deja llevar por sus necesidades y sus lamentos. Si lo malo le pasa a la gente buena, soy buena. Si los malos tienen lo que se merecen, entonces seré malvada. Si al final, todo se devuelve, entonces seré presa y opresora del karma. Y si al llegar a la casa, luego de tantas tonteras y la reafirmación incansable de que la gente es estúpida, tu sonrisa me está esperando, como todos los días.... entonces soy feliz.

Porque a la larga esa es la médula espinal de todo este asunto. Lo que nos hace felices y en qué momento lo hace. Yo no me arrepiento de reírme una tarde entera con mis amigas luego de haber llorado de rabia la noche anterior. Todas esas sensaciones forman parte de mi felicidad, porque al aprender algo de todo eso, me siento feliz. Cuando soy capaz de mirarlo todo desde una altura imaginaria y decir "lo hecho, hecho está" me siento tranquila, me siento dueña de todas las situaciones, como me gusta. No, no es que de la noche a la mañana te levantes y digas "ahora acabo de olvidar todo el dolor, puedo seguir" porque eso nunca pasará. El dolor hay que recordarlo con tanto cariño como el cariño mismo. Mi vida se ha basado en aprender y ejecutar lo aprendido, como sucede con todas las personas. Todo depende de cómo lo veas: donde ves un corazón roto, alguien puede ver un berrinche para no sentir culpa.Te hablaré algún día sobre el nombre que pueden tener las cosas, y de lo mucho que eso puede llegar a variar. Donde ves alegría, alguien puede ver despecho para cubrir su despecho. Donde ves amor, alguien puede ver oportunismo. Y cuando ves rabia, algunas personas pueden ver amor.
A nadie le gusta que piense de esta manera, pero es esa alegría melancólica la que más me acomoda. Esa felicidad reflexiva y estudiosa de todo el comportamiento humano frente a lo que les mueve su mundo. Las huídas, los reencuentros, las frases repetidas una y otra vez para autoconvencerse ante algo que no nos convence. Miro todo eso con un amor extraño, como si me produjera gusto saber que todos cometemos errores.
No tengo idea de por qué empecé a hablar de todo esto, pero creo que me siento cómoda escribiéndolo. De seguro a nadie le gustará, pero a mí no me gusta lo que la gente hace y no por eso deciden cambiarlo. Quejarme? me encanta quejarme, pero siempre he fundamentado la razón de mis quejas. No me gusta sufrir, pero tampoco me molesta (por muy extraño que suene).
Por otro lado, siempre espero de los demás lo que yo haría, pero creo que casi nadie en este mundo se maneja con los mismos códigos. Me muevo en una antojada indiferencia, célebre por lo demás, dentro de todas mis reacciones.

Soy demasiado simple para ser compleja. O tal vez busco incansablemente ser esa mujer justa a la que tanto admiro. Ser esa monarca de sangre fría... Tal vez, tal vez no.