lunes, 6 de abril de 2009

6 meses...

6 meses ya? y todo parece haber cambiado tanto! darse vuelta volver a ponerse en su lugar y seguir la misma línea bifurcada siendo algo totalmente distinto.
No había escrito antes, porque tenía mucho que contar pero no sabía cómo hacerlo. Ahora tampoco lo sé, pero la diferencia es que tengo un forzado tiempo para escribirlo. (eso de llegar al panel y ver el adorable cartel de "usted tiene clases ahora? pues ya no :O!").
Creces y creces como si fueras un cocodrilo y a tu lado trato de crecer yo también. De verdad, he aprendido muchas cosas sobre mí a través de tí. He aprendido lo frágil que puede ser la vida en relación a algunas cosas, lo frágiles de las relaciones que se postulan como duraderas y sobretodo del poder de las palabras.
Anoche me detuve a pensar en tí y en mí, y a pensar en todo lo que había hecho desde que llegaste a mi mundo. Dicen que el fin justifica los medios... pero y si la justificación del fin no es del todo sustentable? He cometido tantos errores conmigo como aciertos contigo y por eso pensé que estaba bien.
No, no es tiempo de hacer un mea culpa ahora, porque dentro de todo no siento culpa alguna. Yo me moví por todas las emociones nuevas que no conocía y en eso no hay ninguna culpa salvo la de no intentarlo. El error? El error estuvo en sobreestimar. Estuvo en creer en una equivalencia que sólo me servía para autoconvencerme. Una equivalencia que no existía, que sólo servía para justificar una mala decisión.
Mañana ya será un año. Y a través de mí han pasado siglos. Aún me queda mucho más por aprender, aún me queda mucho más por soportar y ser soportada. Aún me queda ser temida y odiada, pero por eso jamás traicionada. Ser querida, amada y respetada por el curso que decidí tomar: por querer seguir una vía justa en su más extrema crueldad.
No me arrepiento, porque no hay nada de qué arrepentirse. Reconozco, porque hay mucho qué reconocer. Reconozco aciertos y desaciertos. Reconozco victorias y derrotas. Reconozco penas y alegrías. Y te reconozco a tí, como el motor de todos mis cambios, de que toda mi vida gire en torno a conseguir lo mejor para tí, aún si con eso termino sacrificando hasta mi credibilidad. Reconozco lealtad y deslealtad. Reconozco traición, infamia y maquiavelismo. Reconozco lo mejor y lo más malo, lo más inimaginable es tan cierto en mí como lo más comprensible. Porque la gente no es buena ni mala, al final... sólo se deja llevar por sus necesidades y sus lamentos. Si lo malo le pasa a la gente buena, soy buena. Si los malos tienen lo que se merecen, entonces seré malvada. Si al final, todo se devuelve, entonces seré presa y opresora del karma. Y si al llegar a la casa, luego de tantas tonteras y la reafirmación incansable de que la gente es estúpida, tu sonrisa me está esperando, como todos los días.... entonces soy feliz.

Porque a la larga esa es la médula espinal de todo este asunto. Lo que nos hace felices y en qué momento lo hace. Yo no me arrepiento de reírme una tarde entera con mis amigas luego de haber llorado de rabia la noche anterior. Todas esas sensaciones forman parte de mi felicidad, porque al aprender algo de todo eso, me siento feliz. Cuando soy capaz de mirarlo todo desde una altura imaginaria y decir "lo hecho, hecho está" me siento tranquila, me siento dueña de todas las situaciones, como me gusta. No, no es que de la noche a la mañana te levantes y digas "ahora acabo de olvidar todo el dolor, puedo seguir" porque eso nunca pasará. El dolor hay que recordarlo con tanto cariño como el cariño mismo. Mi vida se ha basado en aprender y ejecutar lo aprendido, como sucede con todas las personas. Todo depende de cómo lo veas: donde ves un corazón roto, alguien puede ver un berrinche para no sentir culpa.Te hablaré algún día sobre el nombre que pueden tener las cosas, y de lo mucho que eso puede llegar a variar. Donde ves alegría, alguien puede ver despecho para cubrir su despecho. Donde ves amor, alguien puede ver oportunismo. Y cuando ves rabia, algunas personas pueden ver amor.
A nadie le gusta que piense de esta manera, pero es esa alegría melancólica la que más me acomoda. Esa felicidad reflexiva y estudiosa de todo el comportamiento humano frente a lo que les mueve su mundo. Las huídas, los reencuentros, las frases repetidas una y otra vez para autoconvencerse ante algo que no nos convence. Miro todo eso con un amor extraño, como si me produjera gusto saber que todos cometemos errores.
No tengo idea de por qué empecé a hablar de todo esto, pero creo que me siento cómoda escribiéndolo. De seguro a nadie le gustará, pero a mí no me gusta lo que la gente hace y no por eso deciden cambiarlo. Quejarme? me encanta quejarme, pero siempre he fundamentado la razón de mis quejas. No me gusta sufrir, pero tampoco me molesta (por muy extraño que suene).
Por otro lado, siempre espero de los demás lo que yo haría, pero creo que casi nadie en este mundo se maneja con los mismos códigos. Me muevo en una antojada indiferencia, célebre por lo demás, dentro de todas mis reacciones.

Soy demasiado simple para ser compleja. O tal vez busco incansablemente ser esa mujer justa a la que tanto admiro. Ser esa monarca de sangre fría... Tal vez, tal vez no.

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