miércoles, 14 de enero de 2009

y así nomas (sin título en verdad).

Seguimos en la playa... descansando, pensando, retozando en conclusiones obvias y por momentos dolorosas... pero por otro lado reales y necesarias. Qué tan amargo puede resultar entonces el sabor más dulce?Sabes? de repente quería hablar con él. Tomar el teléfono y decirle cualquier cosa, sólo para recibir a cambio un comentario igualmente irrelevante. Luego pensé que lo que en realidad quería era que él hablara conmigo, y me dio un poco de miedo pensar en eso.Comencé a navegar entonces a través del espacio virtual, paseándome en esas esquinas sucias para otros y completamente irrelevantes para mí. Toqué nuevamente esas murallas hechas de espejos rotos y, voluntariamente me hice daño con su dolor. Me marqué las manos con su miseria maquillada tan infantil (y por ello inocentemente) de instinto de superación. Pero también encontré entre sus inconstancias otro dato interesante: vi relucir valientemente el valor de mi constancia. Sucia, gastada, parchada, pero constante. Lo cual no era tan malo.Mientras paseaba por esos parajes tan extraños y (para mí) hostiles comencé a sentirme estúpida y un poco masoquista (bastante en verdad). Tú haces rabiar a mi abuela, balbuceándole cualquier otra cosa en realidad, ajena a todo lo que pasa por mi mente y por la pantalla de mi computador.Hoy te quemaste un poco la carita y te ves chistosa. No te molesta demasiado así que a mí tampoco. Evidentemente mi mamá no ha perdido la ocasión para poner el grito en el cielo por casi cualquier cosa. Pero eso sí que es harina de otro costal mucho más grande y pesado.Desde hoy en la tarde, mientras miraba la nada pensando en todo me di cuenta de que la cotidianeidad se había perdido y, mientras en mi memoria se alineaban los recuerdos de los meses pasados.... apareció ante mí lo que antes no había querido ver... tan gastado que ahora no importa.

0 comentarios:

Publicar un comentario

Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]

<< Inicio