(Y me siento feliz otra vez).
Es temprano (para mí al menos), pero escribir para tí se ha convertido en una nueva manera de relajarme. Funciona, de verdad que funciona.
Tienes dos meses en el mundo y eres despierta, sanita, preciosa, prácticamente mágica (en ambivalentes sentidos) y PERFECTA (lo dije, y qué!). Pero tanta belleza confunde, creo que lo había dicho antes, te miro, nos miro ( a mí y a tu papá) y es como si las épocas pasadas se nos cayeran encima, como si hubiese pasado miles de años en lugar de sólo unos meses, pero te vuelvo a mirar y el desprecio se vuelve contradictorio. Entonces no fue tan malo, verdad? Y en el fondo caigo en la cuenta de que no lo fue, siempre supe que no lo había sido, y vuelve a tomar fuerza mi teoría de la falta de arrepentimiento (y me siento feliz otra vez).
Supongo que mi problema con los demás es ese: los demás. Y me doy cuenta de que ya estamos en diciembre: la época más difícil del año, en la que todo el mundo recuerda (porque todos queremos subsanar lo malo con buenos recuerdos).
Antes pensé que me importaría quién leyera esto (además de tí, cuando aprendas a leer), porque tenía la secreta esperanza de generar un cambio (de actitud, de mentalidad y si fuera de ambos mucho mejor), pero caí en la cuenta de que son simplemente palabras plasmadas en un papel que luego tipeo al computador.
Por qué papel??
Bueno, porque en verdad le tengo miedo al espacio virtual. A las cosas que encuentro ahí sin buscarlas (sobretodo cuando NO las estoy buscando... a veces las verdades me caen en la cabeza como manzanas flojas en un árbol). Las encuentro sin pensar que luego tienden a hacer pensar. A la miseria en las letras de pequeños espacios lodosos (o enlodados?) y otro despechadamente luminosos (sí, como diciendo "logré levantarme (de nada en verdad) volviéndote miserable, pero si llego a notar que ya no lo eres, me pegaré un tiro"). Y me da rabia y mucha pena supongo (esa sensación que roza la compasión). Alguien que conocí (no daré nombres por motivos dee lealtad barata) se enfrascó en esa modalidad de "logré salir adelante y levantarme de todo lo que me hicieron sufrir y blablablabla". Debo confesar que, al principio, sentí mucha envidia de esa persona y supongo que pensé en golpearla o algo así, entonces (antes de acriminarme) ahondé un poco más en eso. Sentí envidia de su amnegado instinto de superación? nop, y ahí estaba el problema: lo que yo envidié así férreamente fue su ilustrísima capacidad de tirarse al suelo, patalear veinte minutos y luego levantarse y hacer como si le hubiera costado. Esa capacidad tan melodramática de ver la vida que para mí resulta irrisoria. Esa superación mediática que luego te hace parecer como si tuvieras todas las malditas respuestas. Y las tienes, en verdad las tienes, sólo que no duran mucho tiempo, porque así como las personas, las respuestas y las filosofías de vida varían y hay que adaptarse al dinamismo de la época. Por eso prefiero el papel. Me resulta menos agresivo y más confiable ( no me importa si me llevo miles de arbolitos con eso).
Pero volviendo al tema del incomprendido y vengativo (a veces. La mayoría de las veces. Siempre en verdad) instinto de superación, me dí cuenta de otra cosa: Si tú quieres, te caes. Así es, porque esa niña (Sí, era una niña, supongo que es una posición demasiado sensible y elaborada para tratarse de un hombre) no podría levantarse sin haberse caído. Nadie puede (ni física ni emocionalmente) y ahí estaba, luminoso, mi segundo error: Yo quería levantarme porque, a vista y paciencia de todos, me había caído (en verdad me había sacado la cresta), pero en verdad siento que gran parte de esas personas me vieron caída para tratar de entenderme (en la mejor de las ondas) o para tratar de entenderse a sí mismas y yo, idiota, enganché magistralmente con esa dinámica. Hay quienes necesitan apuñalar, maldecir o ridiculizar a quienes fueran objeto de sus afectos. Otros se arrastran sobre los trozos de espejo que antes fueran un pasado más favorable (porque en verdad "todo tiempo pasado fue mejor"). Finalmente estamos los que hablamos de esto sin dar nombres y apuntando cobardemente con palabras ambiguas, supongo que es porque sólo buscamos entendernos a nosotros mismos, como otros no quisieron hacerlo. Y entonces aparece una gran verdad en medio de verde de los árboles, tan respirable como la polución: si nunca te caíste, hagas lo que hagas, jamás podrás levantarte.
(y me sentí feliz otra vez).
(porque siempre lo he(mos) sido).
(Siento que he escrito líneas y líneas de NADA). Y lo hice.
Tienes dos meses en el mundo y eres despierta, sanita, preciosa, prácticamente mágica (en ambivalentes sentidos) y PERFECTA (lo dije, y qué!). Pero tanta belleza confunde, creo que lo había dicho antes, te miro, nos miro ( a mí y a tu papá) y es como si las épocas pasadas se nos cayeran encima, como si hubiese pasado miles de años en lugar de sólo unos meses, pero te vuelvo a mirar y el desprecio se vuelve contradictorio. Entonces no fue tan malo, verdad? Y en el fondo caigo en la cuenta de que no lo fue, siempre supe que no lo había sido, y vuelve a tomar fuerza mi teoría de la falta de arrepentimiento (y me siento feliz otra vez).
Supongo que mi problema con los demás es ese: los demás. Y me doy cuenta de que ya estamos en diciembre: la época más difícil del año, en la que todo el mundo recuerda (porque todos queremos subsanar lo malo con buenos recuerdos).
Antes pensé que me importaría quién leyera esto (además de tí, cuando aprendas a leer), porque tenía la secreta esperanza de generar un cambio (de actitud, de mentalidad y si fuera de ambos mucho mejor), pero caí en la cuenta de que son simplemente palabras plasmadas en un papel que luego tipeo al computador.
Por qué papel??
Bueno, porque en verdad le tengo miedo al espacio virtual. A las cosas que encuentro ahí sin buscarlas (sobretodo cuando NO las estoy buscando... a veces las verdades me caen en la cabeza como manzanas flojas en un árbol). Las encuentro sin pensar que luego tienden a hacer pensar. A la miseria en las letras de pequeños espacios lodosos (o enlodados?) y otro despechadamente luminosos (sí, como diciendo "logré levantarme (de nada en verdad) volviéndote miserable, pero si llego a notar que ya no lo eres, me pegaré un tiro"). Y me da rabia y mucha pena supongo (esa sensación que roza la compasión). Alguien que conocí (no daré nombres por motivos dee lealtad barata) se enfrascó en esa modalidad de "logré salir adelante y levantarme de todo lo que me hicieron sufrir y blablablabla". Debo confesar que, al principio, sentí mucha envidia de esa persona y supongo que pensé en golpearla o algo así, entonces (antes de acriminarme) ahondé un poco más en eso. Sentí envidia de su amnegado instinto de superación? nop, y ahí estaba el problema: lo que yo envidié así férreamente fue su ilustrísima capacidad de tirarse al suelo, patalear veinte minutos y luego levantarse y hacer como si le hubiera costado. Esa capacidad tan melodramática de ver la vida que para mí resulta irrisoria. Esa superación mediática que luego te hace parecer como si tuvieras todas las malditas respuestas. Y las tienes, en verdad las tienes, sólo que no duran mucho tiempo, porque así como las personas, las respuestas y las filosofías de vida varían y hay que adaptarse al dinamismo de la época. Por eso prefiero el papel. Me resulta menos agresivo y más confiable ( no me importa si me llevo miles de arbolitos con eso).
Pero volviendo al tema del incomprendido y vengativo (a veces. La mayoría de las veces. Siempre en verdad) instinto de superación, me dí cuenta de otra cosa: Si tú quieres, te caes. Así es, porque esa niña (Sí, era una niña, supongo que es una posición demasiado sensible y elaborada para tratarse de un hombre) no podría levantarse sin haberse caído. Nadie puede (ni física ni emocionalmente) y ahí estaba, luminoso, mi segundo error: Yo quería levantarme porque, a vista y paciencia de todos, me había caído (en verdad me había sacado la cresta), pero en verdad siento que gran parte de esas personas me vieron caída para tratar de entenderme (en la mejor de las ondas) o para tratar de entenderse a sí mismas y yo, idiota, enganché magistralmente con esa dinámica. Hay quienes necesitan apuñalar, maldecir o ridiculizar a quienes fueran objeto de sus afectos. Otros se arrastran sobre los trozos de espejo que antes fueran un pasado más favorable (porque en verdad "todo tiempo pasado fue mejor"). Finalmente estamos los que hablamos de esto sin dar nombres y apuntando cobardemente con palabras ambiguas, supongo que es porque sólo buscamos entendernos a nosotros mismos, como otros no quisieron hacerlo. Y entonces aparece una gran verdad en medio de verde de los árboles, tan respirable como la polución: si nunca te caíste, hagas lo que hagas, jamás podrás levantarte.
(y me sentí feliz otra vez).
(porque siempre lo he(mos) sido).
(Siento que he escrito líneas y líneas de NADA). Y lo hice.


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