jueves, 16 de octubre de 2008

Una lección que aprendí en el semáforo.

El boom mediático se acaba de a poco. Me parece bien, toda la euforia de un comienzo se acaba y las cosas vuelven a ese plano desde el cual parecen más abordables.
Creces rápidamente. Ya tienes 20 días en el mundo. Yo sigo tan feliz como antes. Más cansada, pero igual de feliz. Más centrada, pero esta plenitud en el corazón no se ha ido siquiera un poco. Finalmente el amor era esto? Sonreir ante una mirada nueva luego de maldecir una historia triste. Náuseas y el dolor de las palabras ajenas, para luego tirar todo lo malo al olvido por un sólo momento que realmente vale la pena. Es así?
Es crecer, supongo. Yo sólo espero que el pasado no intente acercarse a tí con esas ansias mentirosas de reconciliación. Eres una historia nueva, no el instrumento del pasado. No eres culpa ni consecuencia, eres novedad, pero no eres terapia de nadie y de nada. No viniste a este mundo a sanar las heridas de nadie, viniste a producir tus propias heridas, como todos los demás. Viniste a calmar el corazón de la gente que ames con tus sonrisas, viniste a vivir para mí, no por mí, vivirás por tí y por nadie más.
Últimamente estoy obsesionada con la idea de que te separen de mí, cumpliendo esos arrebatos infantiles de cariño recién encontrados en los que no puedo creer. Aparece el pasado otra vez delante de mí para recordarme que esos mismos afectos que ahora parecen eternos e imperecederos en algún momento faltaron de manera terrible. Odio pensar en esas cosas, pero tal vez lo harás tú también algún día porque, lejos de ser una historia simple, tu corta biografía contiene más aristas de las que esperas encontrar.
No es malo bajo ninguna denominación. Tu historia sólo carga con la particularidad de ser muy distinta a las demás. De ser mucho más especial que las demás sólo por ser tuya. Del resto no me haré cargo.
Mientras tanto sólo puedo ocuparme de verte crecer delante de mí. De verte florecer cada vez más y mejor con tus propios colores y actitudes. Verte la carita todas las mañanas, encontrando en tí ese gesto al despertar que claramente no es mío, pero que ví tantas otras veces pertenecerle a alguien más.

0 comentarios:

Publicar un comentario

Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]

<< Inicio