miércoles, 24 de septiembre de 2008

20%.

37 semanas. Tal vez menos. Esta semana es mi cumpleaños y el médico me molesta con eso de que "probablemente lo celebres con una muñeca". Estamos en la cama de mi mamá, que se ha vuelto escenario habitual para todas las cosas que me gusta contarte en este espacio. No duermo tan bien como antes, pese a que me siento muy cansada. Quiero comer sandía. Ahora esa polera prenatal que no parecía tener sentido, lo tiene. Muchas cosas que parecían no tener sentido ahora lo tienen.
Ahora como que todo lo demás se viene encima como un gran manojo de cosas. Pienso en las personas que nos rodean y en todas sus historias. Las tomo y las acaricio con esa lejanía que ahora experimento de todo lo demás. Me siento ajena a todo y a todos, nunca realmente importante, pero para nada insignificante. Esa sensación de dejarse estar en medio de todo lo demás. No estoy triste, pese a que estas líneas quieran parecerlo. Supongo que sólo he tenido demasiadas pesadillas. Estoy cansada y probablemente un poco asustada por esos temas tan triviales que derivan de algo tan común como la práctica del "alumbramiento" (parir, dar a luz, pero nunca "mejorarse").
Sabes? A veces tengo miedo del mundo. De ese mundo extraño que se agranda y se vuelve pequeño e insignificante. De la gente que te mira de reojo y de la que espera mirarte a los ojos. Pienso de la manera más egoísta del mundo que en muy poco tiempo ya no seremos sólo las dos. Ya no seré yo tu única conexión con el mundo, pronto, muy pronto podrás descubrir este mundo raro a veces feo y a veces bello con tus propios sentidos. Verás con tus propios ojos a todas esas personas que alguna vez has escuchado, oirás más de lo que yo pueda mostrarte con tus propios oídos, y los aromas del mundo llegarán directamente a tu nariz, mientras que las formas y las texturas se posarán en tus manos y acariciarán las plantas de tus pies.
Yo sólo te espero, tal vez menos temperamental de lo que realmente soy.
Lo de ayer fue una mezcla de todo. Sentir que todo comienza a terminar para comenzar otra vez. Sentir que no sólo he dejado mis miedos a un lado, sino que también sentimientos y personas de esos que parecían tan valiosos en un comienzo. Terminé volviéndome mucho más calculadora en lugar de dulce y adorable. No es ni bueno ni malo: ES, al igual que tú.
Creo que más que temerle al mundo, le temo a lo que el mundo pueda hacer contigo, le temo al daño, le temo a que seas víctima de un pasado que no te corresponde, que seas de alguna manera partícipe en historias que no se relacionan para nada con tu felicidad. Le temo a que seas la hoja en blanco de todos los demás (incluso de mí).
Estoy ansiosa. Nerviosa. Escandalosa. Temerosa. Feliz. Impaciente. Tranquila. Disimuladamente desesperada.
Sigo pensando en la gente y en sus circunstancias. Sigo sacando inteligentes conclusiones. Tú te sigues moviendo para todos lados y yo sigo sin entender claramente el significado de la vida.
Mis espectativas siguen donde las dejé, desperdiciando horas de sueño probablemente.

Sobre el 20%... el médico dijo "Pide hora para el martes, pero sinceramente creo que tienes un 20% de posibilidades de llegar al martes".

1 comentarios:

Anonymous Anónimo ha dicho...

la sandia me suena a verano en la casa de los primos, y eso es igual a MUY BACAN.

domingo antonia domingo

24 de septiembre de 2008 a las 13:33  

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