miércoles, 3 de marzo de 2010

Especial telúrico.-

Querida Antonia:



Son las dos de la tarde. A casi una semana del terremoto los días se han comenzado a normalizar, tanto en actividades como en el mismo clima. Los sucesos de los últimos días marcaron no sólo la historia de nuestro país, sino que también, de un modo u otro, regularán nuestro actuar y nuestras actitudes durante mucho tiempo.
(...)

Así había comenzado a redactar esto, pero supongo que hasta ahora no pude retomarlo. Bueno, tal vez redactar esta entrada no sea precisamente fácil, por la sencilla razón de que debo incluír muchas cosas que más adelante te ayudarán a entender por qué esta entrada es más importante que las demás. No, no es más importante, sólo es más.... histórica?
Escucho "Unza Unza Time". La Maca me ha recordado que hay un pasado musical nostálgico que puede sonar divertido... pero ahora a lo que importa. A las cosas como están ahora.

Muchos ya comenzaron a poner su vida en orden desde mucho antes. Tal vez no sea precisamente mi caso, tal vez yo quise tomarme la libertad de darme mi tiempo para redactar en mi cabeza de la mejor manera lo que ahora estoy escribiendo para tí. Y no he sido la única. De todos modos, siempre creí que este año sería la única que comenzaría de cero. En un nuevo lugar con retos nuevos y más acordes a mis capacidades, pero no, la verdad es que somos varios los que comenzaremos desde ahora a trazar las líneas de nuestra nueva vida. Entonces te detienes, respiras y te das cuenta de que tres minutos de terremoto han bastado para obligar, de una u otra manera a un país entero a bajar drásticamente su ya vertiginosa velocidad.

Eran las tres de la mañana cuando mi papá me despertó para decirme (con ese dulce tono de voz que lo caracteriza): PÁSAME A LA NIÑA! Y yo pensaba "ya es de mañana?". Y me levanté de la cama, pero antes de sacudirme la modorra por mis propios medios, la tierra se encargó de dejarme bien despierta.
Fueron más o menos 3 minutos. Tres eternos minutos en los que la vida se revolvía y la tierra saltaba al son de copas al suelo. No recuerdo muy bien los sonidos exactos, pero cuando la Lorenza pone muy poca ropa en la lavadora y se empieza a mover con fuerza, siento un escalofrío claramente subliminal.
Durante dos o tres días te despertaste a las 3 y media de la mañana. El terremoto fue a las 3:34. El festival de viña se canceló y a nadie pareció importarle. Nunca en toda mi vida había visto tantas noticias. Todas iguales, todas desalentadoras. Porque en un primer momento, lo que para nosotros fue un temblor muy fuerte, para el resto del país fue el peor terremoto en 50 años. Al prender la tele era como estar viendo las noticias de otro país. Las calles destruídas, los autos volteados como baratas, parecían el escenario de una película de dinosaurios. Luego vendrían otros dinosaúricos sucesos. El pánico se apoderó de todos. Aquí y allá.
Tus abuelos partieron a buscar a tus bisabuelos y luego a tu tía, que estaba en la casa de una amiga. Tú lo mirabas todo. Ese día hubo que darte muchas leches. No teníamos luz y no teníamos agua. Mientras llegaban los servicios intermitentes, yo juntaba agua en un hervidor. De todos modos no demoramos en recuperar el agua y la luz. Los teléfonos eran tan inútiles como lo serían las tarjetas de crédito después. Era como estar en una guerra. Y mi mamá le agradecía a Dios y por otro lado se sentía así como culpable. Yo no supe qué pensar sino hasta varios días después. Era una sensación que te tomaba la garganta y te adormilaba. Anduve como un zombie en realidad, pensando seriamente en qué pensar. Llamaba y recibía llamadas. Mensajes.
Los días posteriores al terremoto eran confusos. A los 3 ó 4 días decidí dejar de ver noticias. Debo admitir que me deprimían mucho. Mi mamá andaba más insoportable con ese tema de que había que estar agradecidos y lo peor era que nadie la pescaba mucho más que yo. Mi abuela decía entre lágrimas que no lloraba. Mi abuelo quería dormir. Mi papá le bajaba el perfil a todo (a TODO), mis primos venían de otro planeta, igual que mi hermano. Hasta hoy, aún no logro comprender del todo la solidaridad. La de la mayoría de los católicos al menos. Yo estaba en un limbo emocional extraño. No sabía exactamente qué era lo que me entristecía tanto.
Cuando comenzaron los saqueos a lus supermercados y ví a las primeras personas llevándose plasmas creo que lo comprendí: con todo lo desligada que parecía ser, yo sentía pena por mi país. Sentía rabia de los saqueos, sentía pena de las familias que lo habían perdido todo (incluso a sus familias). Sentía dolor de los niños que buscaban a sus padres, sentía admiración del médico que pasaban en bicicleta ofreciendo ayuda.
Por primera vez me tomé la teletón un poco más en serio. Aprecié la ayuda y lo egoístas que somos en general al darla. Descubrí lo olvidados que son algunos sectores sólo por encontrarse más indefensos. Descubrí que la gente puede ser mucho más cretina a veces de lo que todos nos imaginamos (todos podemos ser bien cretinos en verdad).

Tú no vas a recordarlo. De seguro lo vas a sentir demasiado lejano como para entenderlo de la manera en que yo lo entendí. Pero me gustaría mucho que lo supieras, que lo comprendieras y que lo atesoraras.
Definitivamente hay muchas otras cosas que te iré contando a los largo de los años. Te voy a hablar de los edificios derrumbados, de los "daños estructurales" y del momento en que todos los periodistas de chile se limitaron verbalmente y dijeron cien mil veces la palabra "dantesco". Del modo en que supe por qué se llama "operación deyse", que no es por una persona llamada Daisy, sino que es por operación De Evacuación y Seguridad Escolar, así que es DEYSE, porque es una sigla. De cómo aprendimos que la escala de richter y la de merchalli son dos escalas distintas pero paralelas, y así muchas otras cosas sobre los sismos que no sabía. Muchas cosas que en general no sabía, en realidad. Ah sí, y de lo delicioso que era ver los saludos de las estrellas en youtube. Estrellas de cine, televisión, chilenos en otros países, cantantes, luchadores, divos con cara de sueño, gente importante y sin importancia. Y de cómo a veces lo que prima a la ayuda es esa necesidad extraña de salir en televisión.

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