sábado, 11 de octubre de 2008

De trámites e insatisfacciones.

Ayer fuiste al médico por primera vez. Todo bien, todo normal, 20 minutos de toqueteos médicos y el ciudadano 22 millones (o sea tú) era despachado a su casita acompañado de sus dos incoherentes padres. Fue tu primera salida a "hacer trámites" durante tu primer día nublado. Estuvo bien, tan bien que da para pensar cosas, supongo. Pienso mucho en todo lo que ha pasado en esta semana y en los hitos que discretamente se cumplieron. Saliste por primera vez, te dejé al cuidado de tu papá y me separé de tí por primera vez sin sentir demasiada culpa (la verdad es que no pensaba que fuera a pasarte algo, sólo tenía dudas por lo mucho que me gusta estar contigo), se te cayó el cordón umbilical y tuviste tu primer dolor de estómago.
Me gusta cuidar de tí, vigilar mientras duermes, limpiarte la carita mientras comes y luego de comer también, llenarte de besos por cualquier cosa, decirle a la gente que sí a todos sus consejos para secretamente mandarlos al diablo un rato, moverte las manitos mientras bailamos cada noche antes de dormir... me llena y me hace feliz el sólo hecho de que existas. Me llenan y me hacen feliz tus sonrisas, tus miradas fijas al despertarme a las siete de la mañana, la dedicación con la que te miman tus abuelos, tus bisabuelos, tu papá, tus tíos y yo.
Vienen muchos hitos más a lo largo de nuestra historia. Tu primer baño, y un sinfín de nuevas experiencias que conformarán tu vida, nutriendo además mi biografía con tus colores vivos y nuevos. Con tu inocencia y tu mirada indefensa y crédula de todo lo demás.
Las cosas que pasan a nuestro alrededor son buenas, muy buenas, tan buenas que tienden a confundirme. Te miro y lo miro a él, lo veo y te veo a tí. Todo parece tan difícil de diferenciar cuando no hay nadie más en esas cuatro paredes llenas de otras historias. Entonces aparece esa calma y esa complicidad que fue tan común antes y que ahora resulta novedosa. Pienso en dejar de pensar y mientras eso ocupa mi mente aparece el pasado para advertirme que no debo dejarme llevar, que sinceramente no puedo hacerlo. No lo digo con tristeza, sino con una correcta resignación. Con una especie de desazón aún sin comprender. Así como a tí te faltan centímetros por crecer, a mí me falta aún crecer en mis afectos. Sin embargo el amor que siento por tí es tan inquebrantable como espontáneo. Sin necesidad de esperar verte a los ojos, te amé desde el primer momento en que te ví, haciendo gala de la vida que ostentabas gracias a nosotros o simplemente por culpa de nuestra imprudencia. Eras parte de mí, fruto de mí, no tenía cómo desconocerte, no tenía cómo no pensar en tí en ese momento y ahora es prácticamente igual. Eres el pilar y el motor de todo, la motivación, la esperanza, la luz al final del túnel, pero también el origen de mis miedos. Del miedo a perderte, del miedo a fallarte, del miedo a faltarte, del miedo a sentirte lejana.
Las cosas para nosotras recién comienzan. Es un camino lleno de nuevas incertidumbres, un tramo completamente hecho para nosotras.

"(...)Si no lo entendemos, no importa como...
Me asegurare de ello, como una firme corriente
Puedes culpar lo que sea y a quien sea
Sin deshonrar lo que amaste. (...)"
(Bonnie Pink)

1 comentarios:

Anonymous Anónimo ha dicho...

antoniaaa ayer se acabó amor ciego 2
el programa que te vio crecer hahaha
te quiero aunque esté la mas fea de tus tias almorzando con tu mamá

14 de octubre de 2008 a las 12:10  

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