miércoles, 20 de mayo de 2009

El viejo pascuero no existe.

Sabes? hoy pasé por ahí un poco intencional un poco accidentalmente... no, intencionalmente en realidad, supongo que la curiosidad a veces tiende a desafiar el sentido común. Se me apretó la guata en realidad de sólo pensarlo y me di cuenta de que en el fondo estar ahí y el apretón de tripas eran únicamente mi culpa.
No sé si el ocio se llevó mi dignidad en esa milésima de segundo o si trataba de probarme algo a mí misma, pero en realidad me veía bien ridícula.
Por suerte la milésima pasó con la velocidad de un minuto y llegué a anillar el famoso libro de Fitzgerald. Pensé que en realidad no tenía motivos para pensar mucho en demasiadas cosas... Me refiero a todas esas cosas que dan miedo, que nos producen esa incomodidad rabiosa.
Por eso procuro no pasar por ahí, tal vez no por lo que me llegue a encotrar que no podría ser nada que desafíe los límites de la realidad intelectualmente limítrofe de quien en un acto de valor, coraje o idiotez se mete ciertamente en la boca del lobo... el miedo seguramente es a no contener las ganas de arrancarle la lengua al lobo desde adentro...
Las mañanas aburridas ciertamente pueden volvernos bastante sanguinarios en el universo de nuestra imaginación. Eso y la sensación de fraude que experimentas al leer un texto que contiene las mismas palabras que jurabas que habían salido de la letra de otra persona. Y la admiración se te va un poco a la cresta, porque no se expresaba tan fenomenalmente, no tenía la maravillosa capacidad de poner en letras el contenido de su alma en frases que sólo parecían incoherentes, porque en el fondo estaban llenas de plástico significado (y el plástico era lo único real)... sólo transcribía canciones... y leía cuentos de autores argentinos.

"- Qué hermosos éramos, será por eso, no?"
(...)
Y dijo que lo peor de todo era mi silencio, no ahora, siempre, tu silencio como si.
- Sssh -dije, muy bajo." (Abelardo Castillo).

Cuando Abelardo calló sobre mis manos y bajo mis ojos en forma de fotocopia (puedo decir también que el destino lo quiso así) comprendí que la realidad era una sola. La que yo quiera.

Y a tí qué podría importarte eso? Bueno, nada en verdad, porque para cuando seas conciente de esto, te habré hablado de la mucha admiración que sentía por la forma en que ordenaba las palabras... y de lo idiota que me sentí cuando descubrí el plagio que le hizo otra persona a sus ideas con varios años de anticipación.
Ahora sólo es un hecho cómico. Muy cómico en verdad.

Y la vida es para quien quiera leer de ella lo que se le ocurra. Ya sea un amor prohibido contado desde tres perspectivas distintas, un hombre que se siente perseguido por la mujer a la que dejó partir, y reduce sus conjeturas a un sueño extraño y surrealista en el que sólo se despierta con la intención de buscar el pelotudo vestido verde, un montón de personajes que padecen la eternidad desde su belleza, y otros que transforman su belleza en eternidad.
hay tantos estilos como vidas quieres que haya... esto es lo único malo de saber mucho. Cuidarte de los momentos en los que lo sabes todo.

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